Cena de Radio Tular Irratia

Ayer tuvo lugar la gran cena de gala con espectáculo que realiza con una periodicidad de de vez en cuando Radio Tular, a la que asistieron todos los que estaban pero no todos los que son, y tampoco los que hubieran querido, aunque sí había alguno de fuera, pero que lo dejamos porque somos de mentalidad abierta, otros en cambio no fueron por diversas circunstancias que sería prolijo explicar, como que me había olvidao o que yo pensaba que era el jueves o incluso que me coincidía con la novena de san Kevin o que no tengo suelto para el tasis. El caso es que después de ponernos ciegos de fuagrases, chorizos a la sidra, huevos rellenos de sí mismos con bonito y otras delicatesens, incluido el pollo relleno de panceta (menos uno que era de queso por prescripción religiosa) y tras trasegar innúmeras botellas de crianza riojana con curiosos efectos sobre la psique colectiva, que pasaron inadvertidos para quienes, como el que suscribe no bebieron sino cervecita sin (¿dónde iba yo…?) ah, sí, pues que tras eso y sus consecuencias desinhibidoras pudimos dedicarnos a placenteros juegos de salón, ya en desuso por culpa de la puñetera tele que no deja hablar a las familias y se está cargando el arte del diálogo, y disfrutamos sobremanera adivinando títulos de películas, todos muy sencillos e hilarantes, salvo el de «Los cañones de Navarone» que lo pusieron a mala idea, que ya es difícil hacer uno de cañón, pero es que hacer de Navarone…, el caso, decía, es que se dio paso a un despliegue de actividades artísticas, actuaciones escénicas, cánticos caraóquicos a capella, que concluyó con la apoteósica actuación de una miembra del cenáculo, que en un despliegue de medios sin parangón se transfiguró en una cómica representación teatral monologuística, o más bien biloguística, gracias a una voz en off, que recibió merecidos aplausos, y alguno más de propina porque nos cayó bien. Celebrado lo cual fuimos amablemente expulsados del local por perros y bastonazos y nos sumimos en la nocturnidad y alevosía propias de gente de nuestra calaña. La carita de buenos de la foto primera es mera impostura.

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